martes, 27 de enero de 2015

Madame Solario de Gladys Huntington

Madame Solario es un libro especial. Escrito en 1916, pasarán cuarenta años hasta que, en 1956, aparezca la primera edición, sin el nombre de su creador. Un anonimato que, pese el enorme éxito de la novela, no se ha desvelado hasta hace poco tiempo, en que  el nombre de Gladys Huntington ha sido reconocido como el de su indiscutible autora. Cuesta entender la razón de tanto misterio. La "inmoralidad" del argumento, que se apunta como posible causa,  hace sonreír porque, si bien en el fondo de la trama se desarrolla el motivo del incesto, su tratamiento es tan suave e indirecto, que hoy no podemos comprender  que se guardasen tantas precauciones. Y quizá esta sea la explicación: que Madame Solario es una novela de ayer. Del mundo de ayer. No solo porque la acción se sitúa en 1906, sino porque está escrita en 1916, en plena Primera Guerra Mundial, el gran cataclismo que liquidó una forma de vida y unos valores activos durante buena parte del siglo XIX.  El mundo social y moral de Madame Solario ya era anacrónico en 1956, pero estaba plenamente vigente en 1916, cuando su autora, volcando sus experiencias personales, dio forma a la novela. Hasta la ambigüedad y la finura psicológica "a lo Henry James", que tanto se ha ponderado de su estilo, se puede explicar por la proximidad cronológica con el gran escritor angloamericano.
Madame Solario se desarrolla, en su mayor parte, en el aristocrático y cosmopolita lago de Como, en la localidad de Cadenabbia. Un paisaje luminoso, sereno, de soberbios atardeceres y vistas fastuosas, sirve de marco a un tenso entramado de pasiones, tan intensas como turbias. El centro de este torbellino de deseos es Madame Solario, bella, hierática, solitaria, enigmática. La fascinación romántica y caballeresca del joven Bernard Middleton permite descubrir que el aislamiento afectivo en que parece vivir Madame Solario lo provoca el cerco de celos y amenazas del conde Kovanski, ferozmente enamorado, como buen ruso, de la bella dama. La aparición inesperada, tras doce años de separación, del hermano de Madame Solario, Eugène Harden, desvela el secreto que corrompe sus vidas: la relación incestuosa de Madame Solario con su padrastro, al que Eugène intenta asesinar, su exilio forozoso y las miserias que tuvo que padecer. Su retorno parece buscar objetivos diversos: resarcirse de las penurias pasadas, vengarse de su hermana recordándole su pasado, tramar los más cínicos planes de promoción social... Madame Solario aparece siempre fría, indiferente, sumisa a cuanto dispone su hermano, al igual que no parece haber puesto resistencia alguna en todas relaciones amorosas ha tenido. Es esta sumisión, esta aparente indiferencia la que carga su figura de un potente poder erótico. En realidad, el núcleo moral de la historia es muy puritano: el pecado original que expulsa a Natalia Solario y a su hermano del paraíso familiar -evocado en las continuas referencias a a los bosques de Suecia y Norteamérica donde pasaron su infancia-, irradia su maldad incesantemente, corrompe toda posibilidad de amor y provoca continuas desgracias.  Solo esto explica la fuga de Madame Solario al final del libro, su espera y búsqueda obsesiva del viejo amigo paterno que, llevándola de nuevo a Estados Unidos, le abra de nuevo las puertas del paraíso y le permita regresar a la pureza anterior a su caída, una redención que finalmente no obtendrá.
Madame Solario no es un libro pecaminoso -sorprende que se le compare con la Historia de O- sino que es una fábula profundamente moral.

Gladys Huntington (1887-1959) nació en Filadelfia, en el seno de una familia con arraigados principios morales cuáqueros. Tras su matrimonio, residió en Inglaterra. Su obra literaria es escasa y solo la autoría de Madame Solario pone el nombre de Gladys Huntigton entre los de los grandes escritores del siglo XX.

domingo, 25 de enero de 2015

Picnic en Hanging Rock de Joan Lindsay


El día de San Valentín de 1900, las alumnas del internado Appleyard se dirigen hacia la zona de recreo próxima a Hanging Rock, una imponente formación rocosa en la que desaparecen misteriosamente tres alumnas y una institutriz. Días después, solo una de las chicas, Irma Leopold, es encontrada, malherida e inconsciente. Una amnesia irreversible le impide recordar lo sucedido aquel 14 de febrero. De las otras dos jóvenes, la radiante Miranda y Marion Quade, y de la maestra Greta McGraw, nada se volverá a saber. Pero el misterioso incidente actúa como una fuerza centrifugadora que altera el destino de cuantos estuvieron implicados en mayor o menor medida y los arrojará lejos del lugar en que ocurrieron los hechos: Madame Dianne de Poitiers, Michael Fitzhuber o Albert Crundall verán cambiadas para siempre el curso de sus vidas. Y otros personajes, los más trágicos, como la señora Appleyard o Sarah Waybourne, compartirán un mismo final.

Joan Lindsay (1896-1984) ocupa un puesto destacado en las letras australianas, gracias a su novela Picnic en Hanging Rock, publicada en 1967. Del resto de su escasa obra, destaca su relato autobiográfico Tiempo sin relojes.
La versión cinematográfica de Picnic en Hanging Rock, realizada por Peter Weir en 1975, está considerada como un clásico del cine australiano. 

viernes, 16 de enero de 2015

Los extraños habitantes del Imperio del Este

                El adjetivo kafkiano ha sido aceptado en el habla común como sinónimo de 'extraño' o 'absurdo'. La inexplicable transformación de La metamorfosis; el laberinto judicial de El proceso o los incomprensibles códigos sociales de El castillo han convertido a Kafka en el ejemplo de lo raro. Y sí, Franz Kafka tenía una personalidad rara. Una rareza la suya que ha sido explicada con suposiciones de todo tipo: su condición de judío de expresión alemana inmerso en un medio social dominado por un ferviente nacionalismo checo. El "influjo" del ambiente esotérico y nocturnal de Praga. Incurables complejos provocados por el conflicto con el padre. Recreación personal de la estética expresionista, hegemónica en la literatura alemana anterior a la Gran Guerra. Desde serias perturbaciones psicológicas a la improbable fascinación por la tradición cabalística, parece que todo sirve para iluminar el enigmático y oscuro mundo de las fábulas kafkianas. Sin embargo, muchos de estos ingredientes del mundo narrativo de Kafka se pueden encontrar en otros escritores de su entorno. Al igual que él, son autores nacidos y educados en las postrimerías de la monarquía danubiana, naturales de ciudades situadas en la periferia del imperio y que escriben en alemán (excepto Bruno Schulz, que lo hará en polaco).

              El más enigmático de todos es Alfred Kubin. Sus dibujos y litografías invocan un mundo de pesadilla, desasosegantes visiones surrealistas que encuentran su expresión literaria en una extraña novela publicada en 1909: La otra parte. Los inquietantes episodios que el protagonista vive en Perla, una improbable ciudad enferma, son el correlato verbal exacto de las creaciones gráficas de Kubin. Fue la suya una existencia torturada por el trauma de asistir a la agonía de su madre y la hostilidad hacia su padre.

       Gustav Meyrink ha pasado a la historia de la literatura universal por su novela El Golem. Al reinventar esta vieja leyenda del gueto judío, su nombre ha quedado unido al de Praga. Con su novela ha contribuido como pocos a que la capital checa se adorne con la fama de ciudad "mágica" y misteriosa.

            De todos estos escritores, el más desdichado es, sin duda, Bruno Schulz (nunca sabremos cuál hubiera podido ser el destino de Franz Kafka de haber vivido para ver la barbarie nazi, aunque es fácil de imaginar). Su trágica muerte a manos de un oficial de las SS, en su Drohobycze natal, parece un remedo cruel del asesinato final del personaje de K. en El proceso.  Como Alfred Kubin, Bruno Schulz fue un gran dibujante. Y como en el caso de Kafka y Kubin, la figura del padre marca su personalidad y su creación literaria. Pero con un sesgo diferente. En sus dos obras principales, Las tiendas color canela y Sanatorio bajo la clepsidra, se representa la tragedia del padre perdido en la locura.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Ethan Frome de Edith Warthon

Ethan Frome es una tragedia. En esta novela breve (género en el que Edith Wharton es insuperable) el protagonista, Ethan Frome, se ve superado por una serie de circunstancias que le impiden alcanzar la felicidad. Circunstancias que nada tienen de extraordinarias (deberes familiares, apuros económicos), pero que se interponen entre él y el objeto de su deseo. La angustiosa conciencia de que la felicidad se le escapa de las manos para siempre, su impotencia para revertir el curso de su vida, dan forma a una auténtica tragedia, que ni siquiera encontrará en la muerte una posible redención.
Sabiamente construida, la arquitectura argumental de Ethan Frome permite representar, con toda su dureza, lo larga que es la desdicha para algunos seres.

Edith Wharton nació en Nueva York en 1862, en una familia rica y culta. Serán esta ciudad y esta clase social, las que le proporcionarán temas y ambientes para muchas de sus novelas más celebradas como La casa de la alegría o La edad de la inocencia. A partir de 1907 se instaló de forma permanente en Francia, país que le concedió la Legión de Honor por su decidida defensa de la causa de los Aliados en la Primera Guerra Mundial (de la que dan testimonio obras como Francia combatiente). Aunque París era el centro de las vanguardias literaria y artística, Edith Wharton se mantuvo al margen de estas corrientes renovadoras y siguió fiel a su estilo narrativo, con el que elabora un profundo análisis psicológico de los personajes en obras magistrales como Ethan Frome (1911), Estío (1917), La edad de la inocencia (1920) o Sueño crepuscular (1927). Edith Wharton murió en 1937.




lunes, 26 de mayo de 2014

Ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys


Ancho mar de los Sargazos narra la tragedia de Antoinette Cosway. Una tragedia que es la de su clase, la formada por los hacendados de las Antillas que vieron arrruinado su modo de vida con la emancipación de los esclavos. La pobreza trajo aparejada el desprecio que las nuevas élites, formadas por recién llegados de Europa, sentían por lo que llamaban "negros blancos". La exclusión social de Antoinette Cosway está marcada simbólicamente por la demencia de su madre, una hermosa criolla de la que hereda la belleza y la locura. Un matrimonio precipitado tendrá unas consecuencias desastrosas para Antoinette. Su marido, un inglés frío y reconcentrado, se sentirá engañado cuando descubra la sombra que mancha el linaje de los Cosway. El paraíso tropical de Granbois, donde se desarrolla una buena parte del relato, se transforma en un infierno de desengaño y odio. La última parte de la novela se sitúa en Inglaterra. Y el lector descubre con sorpresa y admiración que ha estado leyendo la tragedia secreta del señor Rochester y su esposa loca, encerrada en una buhardilla de Thornfield Hall. Una tragedia que Charlotte Brontë insinúa, pero no explica, en Jane Eyre

Jean Rhys nació en 1890, en la isla de Dominica. A los 17 años se trasladó a Inglaterra e inició allí una efímera carrera como artista de variedades. A partir de los años 20, vive en París y entra en contacto con los círculos literarios de vanguardia.  Con la ayuda de Ford Madox Ford, publica cuatro novelas: Cuarteto, Después de dejar al señor Mckenzie, Buenos días, medianoche y Viaje a la oscuridad (publicadas recientemente por Lumen en un único volumen titulado Una vida sin ti). Las cuatro forman una crónica del fracaso.  En sus cuatro protagonistas, Jean Rhys recreó aspectos de su propia vida y, sin ser exactamente autobiográficas, refejan fielmente el hundimiento vital en que se sumió su autora. Luego vinieron años de olvido, hasta que en 1966 Ancho mar de los Sargazos le proporcionó una fama que sin duda hubiera merecido antes. Jean Rhys murió en 1979.


sábado, 17 de mayo de 2014

El tiro de gracia de Marguerite Yourcenar


Marguerite Yourcenar publicó El tiro de gracia en 1938, cuando Europa se asomaba al abismo de la II Guerra Mundial. Para trazar su argumento, la escritora belga rescató un episodio de la conflagración anterior, ocurrido en las postrimerías del conflicto, un momento difuso en una geografía imprecisa: los últimos meses de la I Guerra Mundial en el Báltico. Un final de la guerra que se funde y se confunde con la Revolución rusa, las sublevaciones espartaquistas alemanas y el brote del protofascismo violento de los Freikorps.  En este fondo, Yourcenar despliega una lucha de amor y muerte, deseo y violencia en la penumbra moral de una época en crisis. Yourcenar emplea el recurso clásico de la confesión del protagonista: Eric von Lhomond. Sin remordimientos, con la frialdad del mercenario, recuerda las semanas pasadas en Kratovicé, al mando de un destacamento antibolchevique. El cuartel general se instala en la mansión señorial perteneciente a su segundo en el mando, Conrad. Allí se reencontrará con la hermana de Conrad, Sophie. Y desde ese momento se establece, no un triángulo amoroso como se ha escrito en alguna ocasión, sino una cadena de pasiones: la que une a Lhomond con Conrad (distante, hermoso, indiferente) y a Sophie con Lhomond. Sophie, enamorada y despreciada, se unirá a las filas bolcheviques. El tiro de gracia, pese a su escenario bélico, es una novela de interiores: salones transformados en cuartos de banderas,  habitaciones frías, sótanos sórdidos son el escenario de una drama de deseos insatisfechos, de pasiones sin otra salida que la de la muerte. Y aunque Eric von Lhomond dignifica su miserable comportamiento con la retórica mentirosa de una épica sin brillo ("Kratovicé volvía a ser lo que había sido en tiempos que creíamos caducos: un puesto de la Orden Teutónica, una ciudadela avanzada de Caballeros Portadores de Espadas."), su relato no engaña al lector, que cierra el libro con la sensación de haber leído la confesión de un criminal.

Marguerite Yourcenar nació en Bruselas en 1903. Nacida en una familia aristocrática, recibió una sólida formación en lenguas clásicas. En 1937, se trasladó a los Estados Unidos, país en el que residió hasta su muerte. La vida de Marguerite Yourcenar es una vida dedicada a a la literatura. Además de sus traducciones de Virginia Woolf o Henry James y ensayos sobre Cavafis o Mishima, también cultivó, como escritora, los más diversos géneros. Novelas como  Alexis o el tratado del inútil combate, El denario del sueño, Opus nigrum, Memorias de Adriano; relatos como Cuentos orientales, Fuegos, Como el agua que fluye;  libros de memorias como RecordatoriosAchivos del Norte o los ensayos reunidos en  A beneficio de inventario

Los profetas de Flannery O'Connor


The Violent Bear It Away  fue la segunda novela que escribió Flannery O'Connor. Lumen la publicó 1986 con el título de Los profetas; y en la reciente reedición en un solo volumen junto con Sangre sabia, con el de Los violentos lo arrebatan. Como en su primera novela, los personajes son absorbidos por una intensa, obsesiva pasión religiosa. Nada más parece ocupar sus mentes. Y en todos sus actos se manifiesta la abrasadora e insomne pulsión de la creencia. En Los profetas, el drama lo interpretan el maestro de escuela Ryber y su sobrino Francis Marion Tarwater, huérfano de su hermana. Los dos han pasado por un mismo destino: haber sido "elegidos" por el viejo Mason Tarwater, un enloquecido "profeta", para continuar su obra. Mientras Ryber ha logrado escapar a tiempo, el joven Tarwater sufre la agonía de desembarazarse de las voces del viejo profeta y poder vivir libre de la opresiva carga que este le impuso. 

Flannery O'Connor  (1925-1964) es una de las grandes escritoras del Sur estadounidense. En 1952 publicó su primera novela, Sangre sabia (llevada al cine por John Huston en 1979), tres años más tarde apareció la colección de relatos Un hombre bueno es difícil de encontrar. Y en 1960, su segunda novela, Los profetas. Póstumamente apareció otro libro de relatos, Las dulzuras del hogar. La obra de Flannery O'Connor es breve, pero de una gran densidad. A través de argumentos centrados en el ambiente integrista del protestantismo sureño, Flannery O'Connor analiza, desde su profundo catolicismo, el drama moral del ser humano enfrentado a grandes cuestiones como la gracia, el mal o la fe.